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«Esta obra es un viaje iniciático, de madurez, de aprender a despedirse». Entrevista a Beatriz Jaén, directora de YELLOW MOON. LA BALADA DE LEILA Y LEE

La primera pregunta en esta entrevista me pilla desprevenida porque no la he lanzado yo. De dónde has salido tú, me pregunta Beatriz Jaén con unas ganas latentes de hablar. Rápidamente, comienza una conversación en la que descubrimos que hemos compartido varios momentos cruzados en la vida; misma edad, misma universidad a la vez y compañeros y compañeras de teatro en común. Llegan las cervezas a la mesa, en una terraza soleada en una calle en obras en Lavapiés. Mientras la encontrábamos, hemos dado una pequeña ronda por la zona; nos ha picado la curiosidad por la Iglesia Patólica y nos hemos cruzado a Fernando Delgado-Hierro paseando con su perro y con esos ojos de felicidad que lleva desde hace unos días, tras el estreno de El mal de la montaña, en el Teatro Español. Fue gracias a este dramaturgo, actor y director que yo descubrí a Jaén, en el reparto de Cluster. Y los dos se despiden diciendo: “iré a ver lo tuyo, a ver si me guardo un día”.

Lo de Beatriz Jaén es Yellow Moon. La balada de Leila y Lee, un texto que leyó hace ya unos cuantos años y se le quedó grabado. “Tiene algo que me tocó mucho a nivel personal, la relación entre el padre ausente y el hijo que nunca ha conocido al padre y que lo idealiza durante toda una vida. Eso me removió mucho». Así que, sentadas ya en modo entrevista, convertimos este aperitivo de domingo en una charla animada sobre este montaje recién estrenado en la sala exlímite y al que aún le quedan unos días de vida este mes.

Esta fan de Terrence Malick, quien encuentra en su película Badlands un referente clarísimo para este montaje, continúa explicando el trayecto previo para poner en pie la obra: Me sorprendió que, al principio, puede parecer un drama social, pero tiene algo también de cuento; hay algo muy naif y honesto que genera un contraste muy interesante con ese inicio tan crudo. En un viaje a Londres, me compré el libro y me apunté, a modo de autodedicatoria, ¿y si algún día lo monto? Pasó el tiempo, vino la pandemia y me pareció buen momento para iniciar los trámites de derechos y demás. Aproveché y arranqué el proyecto”.

Fotografía de Luz Soria

Esta obra tiene muchas capas de historias. ¿Cuál es la historia que más te interesa como directora o la que quieres contar?

Me interesaba contar la historia de los dos adolescentes solitarios que se juntan y a los que les une un destino trágico, como es, en este caso, un crimen. Gracias a eso, dejan de estar solos y encuentran a su compañero y compañera de viaje. Para mí, es un viaje de madurez. Y para ello quería favorecer otra de las capas que podría tener la obra y que es esa atmósfera de cuento, de fantasía, un aspecto clave en el que enseguida me fijé y que me gustó. Esa fina línea entre realidad y ficción, esa posibilidad de que algo pueda ser o no.

Una peculiaridad de Yellow moon. La balada de Leila y Lee es que la dramaturgia es muy libre ya que el texto está escrito de manera que no pone quién dice cada frase, solamente queda especificado en los diálogos. Por esa razón, “he tenido que hacer un reparto de texto entre el elenco pensando qué queríamos contar, desde dónde y cómo queríamos que sonara. Fuimos probando en las lecturas y viendo qué funcionaba mejor y cómo cambiaba el sentido según narraba un personaje u otro. Para crear distintos planos narrativos, también, por ejemplo, hemos usado micrófonos. Ha sido también una manera de hacernos muchas preguntas sobre el texto”, declara.

Otro de los aspectos que más destacan es el trabajo conjunto de escenografía, luz y sonido, elaborados en la diferenciación explícita de dos partes en la obra a partir del crimen que une a esta pareja de protagonistas. Hay dos partes muy claras. Una es la ciudad, más cruda, con colores más grises, azules, blancos y vaqueros. Y la otra es la del viaje, la del cuento, con colores más cálidos y otras sensaciones que tienen que ver con el bosque, con la cabaña de Frank y con la sensación de protección.

Fotografía de Luz Soria

¿Qué temas destacas en esta obra?

Dos temas claves que me interesaban eran el tema adolescente y su viaje iniciático hacia los bosques, un viaje en el que conocen el amor, la amistad, el valor del compañerismo y la apertura a la ternura también, ya que la ciudad les hacía estar solos. En este camino, maduran juntos. Y por otro lado, el viaje hacia la verdad, hacia el descubrimiento y hacia esa necesidad de conocer y poder despedirse para seguir adelante. La búsqueda del padre era muy importante, pero también el saber decirle adiós para crecer. Por último, también está presente el choque de generaciones, con dos historias en paralelo: la de los padres de Lee, ya truncada y con un hijo al que nunca han sabido escuchar y cuidar, y la de los adolescentes, Leila y Lee, que no sabemos cómo irá, pero que todos deseamos, cuando acaba la obra, que vaya muy bien, a pesar del destino trágico que ambas historias comparten.

En el proceso de ensayos, Jaén cuenta que tenía claro que iba a ser una obra muy musical, por el título que invita a ello y por la tradición cultural de las murder ballads, como la que imagina inspiró esta historia a David Greig, Stagger Lee, de Lloyd Price que, además, es la canción final que escuchamos y la única que el texto indica. En paralelo, entre tanta mezcla de tiempos y personas verbales, estos actores y actrices son, a la vez, narradores y personajes. La directora se refiere a este proceso como “un trabajo que tenía que ser poroso y permeable”. Y, concretamente, a nivel de dirección y actoral, comenta que Raúl Pulido y Paloma Córdoba “han ido de la mano. Nos centramos en ellos más como personajes que narradores, pero trabajando en el mismo código. Su trabajo tan exquisito ha facilitado mucho el del resto”.

Fotografía de Luz Soria

Hay mucho trabajo dedicado a las miradas a público. ¿Estaba claro desde el principio por la forma narrativa que tiene la obra escrita?

La conexión con el público y tratar de seducirles con la mirada era importantísimo porque siento que los espectadores tienen que viajar con nosotros. Para ello, también hemos creado un espacio abierto y la sensación de estar disponibles para el público a la vez que muy metidos en la historia que estamos contando.

Me parece que los personajes van a buscar lo que quieren creer que hay en el horizonte. ¿Estás de acuerdo?

Sí, hay cosas que se truncan en su camino y les sirven para madurar, para quitarse las ensoñaciones y entender que, a lo mejor, la felicidad estaba más cerca, en sí mismos o en el compañero de al lado. Por ejemplo, de Leila mola mucho que se quita ese tipo de referentes de las revistas y se da cuenta de que ella es el partidazo, como acaba confesando en la obra. Es un viaje de autoestima para ella porque supera unos ideales por los que antes se dañaba. Además, el momento en el que ella ve clara la señal para decir que sí al viaje, la visión del ciervo que luego está presente durante toda la función, es una decisión personal hacia la aventura, hacia lo salvaje, una invitación a mirar por ella misma.

¿Es una historia de amor?

Sí, son varias historias de amor. En verdad tres. La de los padres de Lee, por un lado. Una historia truncada por el alcohol y las drogas. La de Leila y Lee, por otro, una historia que empieza desde la pureza y la ingenuidad de la primera vez, pero ya marcada desde el primer momento por la tragedia. Y la historia de amor de un hijo por su padre. Un amor muy grande e irracional que hará cometer a Lee, en nombre de ese amor, un asesinato.

Fotografía de Luz Soria

Es una obra de teatro con mucho aire de cine, ¿lo habías pensado, es intencionada esa similitud con una roadmovie?

Cuando leí la obra, parecía el guión de una película, por el tipo de narración tan detallista y con un ritmo tan acelerado. Era como ver la obra a través de una cámara que iba sobrevolando los múltiples espacios con una grúa o un dron. Claramente, está influida por el cine. Se nota la influencia de Badlands de Malick, Sweet sixteen de Ken Loach o Stuart: A life backwards de Alexander Masters. Por eso decidimos hacer el espacio panorámico, para potenciar la sensación de viaje y de encuadre cinematográfico.

“Todo lo bueno se aleja de mí”, dice Lee casi al final. ¿Hay esperanza o salvación para estos personajes?

Sí, porque una vez que se han encontrado y han descubierto el amor y la ternura, se abre un mundo de posibilidades que, a lo mejor, no habrían descubierto de otra manera. Ese mundo que les espera es triste, pero les puede la esperanza de que un día deje de serlo.

Fotografía de Luz Soria

¿Cuál ha sido tu viaje iniciático en tu vida teatral?

Mi viaje iniciático comenzó haciendo teatro, con muchas ganas, en el instituto. Y también al juntarme con otras personas que tenían la misma pasión. Al final, todos nos retroalimentábamos. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que lo que marcó un antes y un después fue la decisión de dejar las prácticas en la agencia de Publicidad donde estaba trabajando como becaria y decidir centrarme en el teatro. Me di el permiso de ser actriz y directora. Antes de eso, me daba miedo y me pesaba la idea que tenía mi familia sobre el teatro; que sí, que les encantaba y todo bien, pero como hobby, no como profesión.

Ahora, por fin, estamos en una historia”. ¿En qué historia está ahora Beatriz Jaén?

Estoy en ese momento en el que empiezas a aprender a disfrutar, a superar miedos y a estar a gusto contigo misma. Está ganando el disfrute y se nota. Me río más, principalmente de mí misma (aunque todavía tengo que reírme mucho más), y trato de tomarme las cosas menos en serio, aprendiendo a manejar las inseguridades. Mi parte más lúdica está ganando paso, factor importante para crear también. Como ayudante de dirección, estoy aprendiendo muchísimo y trabajar con Alfredo Sanzol está siendo una escuela para mí. Y eso me da seguridad en mis otros trabajos como actriz y directora.

Un cepillo de dientes, tres bragas blancas, unas cuchillas y unas manzanas. ¿Qué cogerías tú para una escapada como la de Leila y Lee?

Unas bragas blancas, como hace Leila, me parece muy útil (jaja), y también mi rizador de pestañas y buena música.

Describe cómo sientes Yellow moon. La balada de Leila y Lee con tus sentidos.

A qué te huele: a leña.

A qué te sabe: a whisky.

Qué se toca: otro cuerpo y otra piel por primera vez.

Qué oyes: música negra.

Qué ves: un cielo negro iluminado por una luna llena amarilla.

Qué sientes: pureza.

Amanda H C

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