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LORCA, VICENTA

Estos días, en la sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa Lorca, Vicenta habla desde el mundo de los muertos para contar su propia historia. La vida de la mujer, de la maestra o de la madre que clamaba por salir desde viejas fotografías en blanco y negro ahora lo hace, por fin, gracias al buen hacer de Yolanda Pallín, Itziar Pascual y Jesús Laiz. Un relato de una narración ya contada, pero con unos ojos y una visión muy diferentes.

Fotografía de Raquel Rodríguez

La compañía Apata Teatro abarca, desde la primera persona, la biografía de la mujer que normalmente conocemos como la madre de Federico García Lorca. Lo que muchas veces no nos paramos a pensar es que esa mujer, que luchó por la educación y la cultura desde sus inicios, tuvo alma propia y que fue algo más que la creadora de ese artista tan genial. Así, la obra bajo la dirección José Bornás recoge todas sus vivencias descubriendo todo lo que escondían sus ojos. El espectador se embarcará en un viaje al pasado en el que descubrirá el machismo impreso en un contrato de maestra, la pesada carga de la primera mujer ausente de un marido o la pena de un exilio imperdonable y sin ninguna justificación posible para acabar reconstruyendo todo y dándose cuenta de que la cultura puede más que una bala. Aunque esta a veces le silencie por un momento, siempre habrá voz para el llanto de una madre o el eco de un poema de amor.

Fotografía de Raquel Rodríguez

Lorca, Vicenta es un recorrido distinto al camino ya contando, con dos voces femeninas; la de Vicenta y la de la bala, representando la vida y la muerte pero con el mismo fin: dar la palabra a quien siempre ha tenido que tener la boca cerrada. Y es que sin la presencia de su madre, Federico no hubiera sido el que fue y es. Gracias a ella y a su labor conoció la música, la literatura y tuvo un apoyo fundamental en el camino para conseguir sus sueños. Y así pudo aguantar más de un vendaval en la travesía, como el que significaron las
habladurías sobre su homosexualidad en un mundo sin matices, solo de blancos y negros.

Fotografía de Raquel Rodríguez

Lo cierto es que solo puedo felicitar a todas las personas que han trabajado en este montaje porque es algo digno de aplaudir. Ellos han hecho lo mismo que Agustín Penón hizo con Federico en aquella investigación que casi le cuesta la vida y de la que muy poco se habla (el próximo 25 de febrero, dentro de las actividades sobre la obra, habrá una mesa redonda titulada El eco de Vicenta en Federico en la que participará la Asociación de la memoria de Agustín Penón). Es el triunfo de lo bueno sobre el velo oscuro de la muerte y el olvido.

El peso de la escena lo llevan a cabo Cristina Marcos y Cristina Presmanes, pero la obra reposa encima de muchos más profesionales haciendo que el montaje sea bastante coral (solo hace falta ver la belleza de los títeres, que tanto hablan de Lorca, creados por Andrea Waitzman). La primera hace un retrato exquisito de Vicenta, dándole la forma que seguramente tuvo en vida de manera magistral. Y la segunda pone voz a la bala que le mató a la vez que toca el piano llenando la estancia de las viejas canciones populares que Federico recuperó y que son su esencia. Todo hecho con mucho cariño y saber hacer que no tiene ni un punto negativo aunque se quiera buscar.

A ellas se une la presencia de muchos Lorcas interpretados por varios actores del que destaco al gran Ángel Ruíz. Impecable, como con todo lo que sus manos tocan, es uno de los mejores rostros de Lorca en el mundo interpretativo. Sin olvidar la música de otro grande, Miguel Poveda, que pone el broche de oro con su “No me encontraron”.

En cuanto a las partes técnicas, destaco la escenografía. Creada por Asier Sancho, transmite a la perfección todas las facetas de la vida de Vicenta; en especial la pizarra quebrada del fondo de la escena. De la misma calidad hablan el vestuario, realizado por Almudena Rodríguez Huertas, y la iluminación de la mano de Juanjo Llorens.

Una creación sublime que abre nuevas historias y que plantea nuevas incógnitas dejando claro que, aunque el cuerpo muera, la materia orgánica, el alma vive y que Lorca y su historia estarán vivos para siempre.

Per se, su vida ya resulta del todo interesante, pero es que, además, Vicenta se apellida Lorca. Lorca, Vicenta es una ficción basada en hechos reales en la que tres voces de la dramaturgia actual convergen en otra para romper el silencio, para ponerla en valor. Noble, cariñosa, familiar, creyente, tenaz, responsable, empoderada, culta, capaz, generosa, protectora… madre.

Sonia López

Teatro Fernán Gómez

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