La familia Addams, el musical acaba de instalarse en Madrid con una propuesta que traslada al escenario del Teatro Calderón el característico universo de esta familia de ultratumba, combinando humor negro, números musicales y una estética gótica y oscura de la que saben reírse y adaptar al gusto actual. Se trata de una producción que vuelve a juntar a beon. Entertainment y LETSGO, dirigida y adaptada por Federico Bellone, responsable también de El fantasma de la ópera o Cabaret, el musical o Houdini, un musical mágico.
El espectáculo está bien construido y cumple con lo que promete: una historia ligera, llena de personajes reconocibles y una puesta en escena que se mueve entre lo siniestro y lo divertido. Desde el patio de butacas, nos asomamos a un espacio casero lleno de vida interior, que no deja de bullir en sus dos horas y media de duración. Todo ello acompañado de canciones y coreografías que consiguen mantener vivo el espíritu de esta peculiar familia.

No es fácil reunir en una obra a un reparto principal con tan buena presencia y conexión para hacer escenas oscuras y de gusto tétrico y otras tan luminosas como cómicas. Natalia Millán, Javier Navares, Omar Calicchio, Amparo Saizar, Javier Canales, Javier Blázquez, Pepa Lucas, Javier Enguix y Juan Antonio Plazas lo dan todísimo en el escenario y se nota su buena sintonía, tanto que nos creeríamos que fuesen familia política. Especial atención a Cristina Picos, una Miércoles espléndida, excelentemente interpretada por su originalidad, que no resta protagonismo al resto mientras lleva el gran peso de la acción.
Pese a ello, en algunos momentos, la función queda algo sosa, especialmente cuando la trama pierde ritmo y el humor negro se convierte en un cadáver que cuesta resucitar. En varias escenas, le faltaría algo más de veneno, algún escalofrío adicional y, quizá, una dosis mayor de esa locura que convierte a los Addams en seres tan singulares y poderosamente llamativos. No llega a resultar mortalmente aburrida, pero tampoco nos vamos a casa con ninguna canción pegadiza en la cabeza, una lástima.
Aun así, es un montaje disfrutable y divertido. La ambientación, los personajes y el tono tenebroso consiguen regalarnos una velada entretenida, con suficientes canciones para que todo el elenco brille y un humor y pequeñas dosis de perversidad para pasar un buen rato.
En contraste a esta gran familia que adora la muerte, su morada resulta estar de lo más viva. La escenografía es, sin duda, espectacular y se convierte en el auténtico corazón de esta pieza. La mansión es un laberinto lúgubre, retorcido y deliciosamente siniestro en el que cada rincón parece esconder un susto, un muerto más del árbol genealógico o alguna rara criatura. El decorado juega constantemente al escondite: una puerta se abre, un muro se desplaza y, de pronto, descubrimos una nueva estancia todavía más sorprendente que la anterior. Desde la butaca, permanecemos en un inquietante estado de alerta, esperando qué rincón de esta casa de pesadilla nos tocará habitar en la siguiente escena.
La función contiene detalles en la dramaturgia que esconden alguna que otra referencia externa para el público más atento y empapado del circuito escénico. Son guiños discretos (otros muy directos) a otros trabajos teatrales y audiovisuales que aparecen sutilmente bien insertados y que, precisamente por eso, resulta tan excitante descubrir desde el patio de butacas. Atención a los gestos, a alguna frase icónica que resuena, a una melodía justo antes del descanso que pueda provocar esa sonrisa cómplice de quien acaba de reconocer el pequeño secreto.
Para acabar, un asunto que es difícil entender (al menos en mi opinión). Hay que detenerse un momento en Gómez Addams, porque algunos de los chascarrillos de este personaje desprenden un aire demasiado antiguo y casposo. Su humor, por momentos, se acerca peligrosamente a lugares que tienen poco de negro y demasiado de rancio. Me pregunto cómo encaja este tipo de humor en una obra que habla, con tanta ternura, de la familia, del amor adolescente y de esa necesidad de ser aceptado tal y como uno es. Gran incógnita para mí. Ojalá una revisión más profunda.
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