El 1 de octubre llega al Teatro Ocaso Coliseum de Madrid la nueva apuesta de la temporada de Stage. Con El Alma al Aire, el musical, nos trasladaremos al universo de las canciones de Alejandro Sanz para construir una trama de amor, familia y segundas oportunidades, con el rugido del mar y el aire de Cádiz como telón de fondo. A continuación, algunos motivos para que este montaje no se te pase en tus planes teatrales.
El vagón-bar costero es el punto de anclaje que vemos nada más sentarnos en la butaca. Dentro del teatro, es el puerto que abriga el espectáculo y el punto de encuentro de los vecinos y vecinas del pueblo, ese lugar donde las historias atracan, los personajes se cruzan y la vida transcurre entre conversaciones sobre el futuro, miradas que echan la vista atrás y oleajes de canciones. Es también desde donde el espectáculo nos invita a embarcarnos en este particular viaje.
De hecho, la escenografía de Tom Pye en su conjunto es uno de los primeros elementos que llaman la atención. El escenario aparece literalmente inundado por una propuesta visual que deja de lado la IA (algo que se agradece después de lo horroroso que fue su uso en Cenicienta, el musical en el mismo espacio) y apuesta por la construcción clásica, pero realmente efectiva. Estructuras, agua, luz y reflejos van dibujando un presente costero y habitable que parece estar siempre en movimiento y no parar de vibrar.

En el centro de esta travesía están Ale y Ella, interpretados por Pepe Nufrio y Amanda Digón, una pareja protagonista cuya conexión se sostiene tanto en la química que desprenden juntos y por separado, como en unas interpretaciones dignas de un buen aplauso y culpables de provocar grandes emociones.
En paralelo, otro de los grandes aciertos está en que el musical no reserva la música para las grandes tempestades sentimentales, sino que el elenco consigue hacerla brotar de situaciones reconocibles y cotidianas. Así, una historia de amor, con sus correspondientes trampas en el camino, va ganando profundidad, incorporando nuevos personajes, conflictos y pequeñas mareas en los momentos precisos, hasta convertir el día a día, la lucha y la inspiración en materia musical. El resultado es un viaje que avanza con naturalidad, que pocas veces pierde el rumbo, y en el que los sueños, las raíces y el amor siempre están a bordo.
Una mención especial merece Natán Segado, cuya presencia va dejando una impronta cada vez mayor a medida que avanza la función. Su interpretación es maravillosa, tanto por su presencia como por la personalidad vocal con la que aborda las canciones. ¡Inolvidable!
El público más teatrero aplaudimos la sorpresa de que Álvaro Tato se haya encargado del libreto. Es, sin duda, uno de los grandes nombres de nuestro panorama escénico y una de las almas creativas de Ron Lalá, compañía que ha hecho de la palabra, el humor, las rimas y los enredos históricos una auténtica seña de identidad.
La textura dramatúrgica que Tato ha logrado fundir en El alma al aire con las famosas sintonías de Sanz es especialmente valiosa. No se limita a enlazar las canciones, sino que construye alrededor de ellas un universo dramático singular, creando personajes, situaciones y vínculos que permiten que cada tema encuentre su lugar dentro de la historia sin traicionarla. No imagino fácil la tarea de entretejer un repertorio musical ya existente y un contenido teatral. Y ahí está uno de los grandes aciertos; las canciones se convierten en parte orgánica de este rincón lleno de arena, bosques y sirenas. Un trabajo en el que también el flamenco va haciendo sus apariciones fulgurantes, sin descompasar, y cuya puesta en escena final nos deja una historia de amor por aquello por lo que sentimos merece la pena luchar.
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