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Te escribo a ti, desde el éxodo del 2022…

Cuando se habla de teatro para jóvenes, varias alarmas saltan en cuanto a temática, forma y fondo en la que una obra se representa. Y no es para menos, pues aún cuesta elaborar una definición grata que encuadre este apartado, si es que se puede aislar. Porque, ¿cómo se conjugan las artes escénicas y la juventud, esa que no para de estirarse en números dependiendo de donde necesite encajar? En Madrid concretamente, hay intentos variados. Desde representaciones adaptadas a institutos y colegios, con previo trabajo en las aulas, a salas urgentes de teatro para jóvenes a precios que no concuerdan con su economía o un bono cultural limitado a unas cuantas plazas, muchas de ellas asientos de poca visibilidad en las sobrantes butacas de grandes espacios.

Cambiemos la perspectiva. Todos los anteriores son ejemplos de la oferta que tienen los menores de edad y los que tienen el Carne Joven, por poner una delimitación. Pero, ¿qué tienen ellos y ellas que decir?, ¿dónde está su altavoz? Hemos conocido de cerca dos opciones cuya base han sido la escucha y el trabajo con jóvenes de entre 18 y 28 años, encarando proyectos personales y profesionales en los que su implicación en el presente ha sido fundamental para idear y exponer dos muestras finales.

Fotografía de Luz Soria [Taller 21 acciones para el siglo XXI]

Carlos Tuñón sueña constantemente con propuestas atravesadas por el tiempo, en la medida en la que podamos desafiarlo a nivel artístico. La manera que ha encontrado para jugar con ello ha sido imaginada y demostrada en La última noche de Don Juan, una experiencia inmersiva de ocho horas y media de duración por las calles de Alcalá, y en Hijos de Greciaun evento de doce horas para recorrer el mundo trágico griego, entre otras. Y sigue y seguirá con el estreno de Esperando a Godot el 27 de marzo de 2060, una pieza pensada a 40 años vista que ya ha comenzado sus ensayos.

Con su compañía [los números imaginarios], desarrolló el taller 21 acciones para el siglo XXI, junto a 21Distritos, desde abril a julio. Este encuentro de creación artística para jóvenes lanzó ciertas preguntas sobre cómo viven y sueñan vivir en la ciudad de Madrid a lo largo del siglo que les ha tocado: ¿Qué huella dejarías para este siglo en el que has nacido?, ¿qué futuro imaginas?, ¿pensabas que tu presente iba a ser este?, ¿quién eres?, ¿quién imaginas que serás en 20 años?, ¿y en 40?, ¿qué haces aquí?

Por su parte, LaJoven volvió a abrir las puertas a una nueva experiencia de creación escénica colectiva bajo el título de ÉXODO (drop a star). En esta ocasión, con la dirección de Alberto Velasco y junto al equipo artístico de Greta García, Alberto Granados Reguilón y Raúl Pulido, esta compañía cerraba así un periodo bastante amplio dedicado a la memoria de Europa, un tema relevante desde que en 2018 comenzara su Ciclo Mapa de las ruinas de Europa con Barro y Fuego y se extendiera hasta el 2022 con Praga, 1941, preguntándose qué es Europa para los jóvenes y para otras generaciones.

A partir de la emigración de un pueblo o de un desplazamiento grupal y forzado hacia otro país, iniciaron una reflexión colectiva sobre la simbología y el significado del éxodo, desde una visión particular a una grupal y desde cualquier perspectiva propuesta: la emigración de un pueblo o un gran número de personas hacia otro lugar o el abandono de las raíces para enraizar en otra tierra lejos de tu cultura, de tu familia y de tu casa.

[Taller 21 acciones para el siglo XXI]

¿Estás bien con la idea de que tu siglo sea el 21?

Nacer en los 2000 puede significar tener que sentirte conectado constantemente, hacerte protagonista en cada publicación al mundo y ponerte una etiqueta, la que quieras, pero marcarte de alguna manera. Tener una opinión firme. No rendirte. Practicar el falso positivismo y dejar huella de manera constante e inconsciente, aunque no lleve a nada. Pero, ¿qué pasa cuando hay una acción cotidiana con decisión ética, artística, generativa, cuando se crea un acto simbólico que tiene impacto sobre la realidad? Esta fue una de las preguntas clave lanzadas por Carlos Tuñón para comenzar a compartir pensamiento y crear el archivo del taller.

Las preguntas formuladas a lo largo de las sesiones y en la muestra final fueron elegidas y adaptadas a partir del libro 21 lecciones para el siglo XXI de Yuval Noah Harare, desplegadas en un hipotético escenario de respuestas entre los extremos del sí y del no. Cuestiones como ¿te eliminarías del mundo si con ello mejoraras el futuro de la humanidad?, ¿confías en el pacto social, en la democracia actual?, ¿crees que la comunicación que nos llega está manipulada?, ¿sientes que los valores occidentales son más justos que los de otras culturas?, ¿sientes que el mundo va más rápido de lo que puedes o estás en sincronía con él? ocuparon parte de la base de estos proyectos.

Otras prácticas desarrolladas tuvieron que ver con los conceptos previamente adquiridos, con los que nos solemos presentar para que nos conozcan; nombre, estudios y trabajo, por ejemplo, con aquello que hemos conseguido, hasta dónde hemos llegado. Pero también se podría decir que somos los números que nos ha tocado vivir, a nivel social, identitario, como el del DNI, la fecha de nacimiento, el número de la seguridad social o el del teléfono móvil, o las palabras impuesta al nacer, tales como el nombre y los apellidos, o lo que es lo mismo, la herencia individual adquirida y mantenida. ¿Somos y nos podemos reducir solo a números y nombres que no elegimos?, si estas son las cartas que me han tocado, ¿hay posibilidad de cuestionarlas?, ¿cuál es mi carta más valiosa, aquella con la que soy una realidad ante el resto?

Las opciones para debatir también se abrieron hacia España o sobre lo que significa ser o sentirse español, con la realización del Test de Nacionalidad Española, a través del cual se decide si una persona es apta o no apta para concederle la nacionalidad.  

Fotografía de Luz Soria [Taller 21 acciones para el siglo XXI]

¿Sientes que eres una persona necesaria para este siglo?

Las herramientas con las que contaron las alumnas y alumnos para dejar huella de sus momentos vitales fueron tecnologías y objetos fuera de su tiempo, de su familiaridad más inmediata. Para el registro visual, usaron cámaras desechables; para el sonoro, una grabadora de casete; para el material, una carpeta de cartón azul y para el escrito, un folio en blanco en el que redactaron a mano una carta que comenzase con “Te escribo a ti desde 2022…”.

Las actividades y acciones desarrolladas fueron planteadas y registradas para convertirse en una cápsula del tiempo de los relatos generacionales protagonistas, ayudadas por las asesorías de Pilar Calvo, Luz Soria, Luis Sorolla y Antiel Jiménez. De esta forma, el objetivo es volver a encontrarse en el año 2043 y en el 2064 para revisar lo creado este año y volver a hacerse preguntas sobre ideas depositadas durante este verano.

Muchos de esos pensamientos que ya están guardaos contienen un anclaje a nuestro tiempo – Hay que responsabilizarse del presente , y están llenos de pesimismo – Es posible que las cosas vengan mal / No sé si encontraré el amor / No sé cómo crear algo que dure en el tiempo –, curiosidad – Estoy buscando respuestas a las preguntas que todavía no me he hecho – y un pequeño síntoma de esperanza por lo que vendrá – Necesitamos accionar, ir en contra / Ojalá estas ganas de vivir que tengo no caduquen / Imagina que todo da un giro de 180º y nos enamoramos –, además de una alarma general: El 2022, el año que nos recordó que no estamos seguros en ningún lado.

Fotografía de Ilde Sandrin [Taller Éxodo]

¿Cómo se huye de manera ordenada?

En la experiencia de LaJoven, fueron los mismos alumnos y alumnas también quienes decidieron el contenido de la pieza final, con textos seleccionados y escritos por elles, además de canciones, a partir de actividades propuestas por el director Alberto Velasco, como la de hacer una lista con cosas que echarías de menos si empezaras en otro sitio desde cero, comenzando por “Ya no… / Ya nunca…”.

Una de las acciones con las que trabajaron en continuidad fue la creación de escenas y movimientos que para ellos y ellas significase la palabra éxodo, de manera personal para hacerla colectivamente, tras conocer la experiencia en primera persona de dos chicos migrantes, en una charla organizada con la ONG Apoyo Positivo, en la que les explicaron su odisea para llegar aquí desde Colombia y Venezuela; dos años de ahorro, 8 días de viaje… solos en el mundo con 17 años.

Por otro lado, el sonido que ha atravesado la propuesta ha sido Shchedryk, una canción ucraniana que conecta con una de las tantas guerras que acontecen ahora mismo. También sonaron Al alba (Aute) y Maldigo (Violeta Parra), como gritos de protesta, junto a poemas de Lorca y Jorge Debravo. Toda la parte musical fue diseccionada y dirigida por Alberto Granados Reguilón, quien explicaba así desde dónde vinieron los ritmos: “Hemos cogido músicas de muchos sitios en los que se han producido éxodos. Tenemos una canción ucraniana, música africana y mediterránea. Hemos trabajado sobre todo a partir de lo que conocemos nosotros como éxodo y con información y referencias”.

En la parte corporal, compartieron clases con Greta García y Rául Pulido, quien señala que “a través de los ejercicios y prácticas de movimiento, hemos trabajado muchos de los materiales que luego se han incorporado en la pieza. Nuestro trabajo ha sido definirlos y saber cómo introducirlos, a través de las imágenes construidas, sin necesidad de pasar por la experiencia”. Greta y Raúl han sido guías para enseñarles a caer al suelo sin hacerse daño, a cuidar la sensibilidad de las manos y a saber organizar  y reparar el cuerpo en relación a lo que cada momento de la función pide. “Las manos protegen, la mirada asegura”, señalaba en una dinámica la profesora.

Fotografía de Ilde Sandrin [Taller Éxodo]

Un océano de cadáveres

Desde el privilegio de hacer arte contando historias y de poder dar voz a quienes no la tienen, este Éxodo se muestra como un mar de cadáveres, con nombres y apellidos olvidados, con una familia que nunca les volverá a ver y en un paisaje sobre el que nos bañamos cada verano, como el reflejado en Las playas de España, de Angélica Liddell, texto que también se oyó. Otras voces fueron testimonios reales en medios de comunicación de chicos intentando cruzar las fronteras y de noticias que también recogen otros datos tan horrorosos como la violencia sexual y la trata de mujeres ucranianas, afganas, sirias, malienses, palestinas o colombianas, entre otras, por parte de gentuza disfrazada de ayuda humanitaria.

Otros datos exhibidos fueron los mostrados por la Organización Internacional para las Migraciones: desde 2014 a 2020, hay registradas 20.000 muertes en el Mar Mediterráneo. En ese mismo informe, se indica que la mayoría de este tipo de muertes no es registrada, por lo que esta cifra puede que sea menos de la mitad de la total o una tercera o una cuarta parte. Y es que, como explica Velasco, “estamos en continúa migración, dependiendo de quién tenga el poder, de quiénes sean los opresores y quiénes los oprimidos. Estamos atravesados por migraciones constantemente en España, más de lo que creemos”.

Fotografía de Ilde Sandrin [Taller Éxodo]

A las puertas de Europa

El símbolo por excelencia en este montaje aludía de manera rítmica a Europa, a su bandera, a su regazo de injusticia y a su lado más terrorista y oscuro. Una Europa deseosa de recibir y almacenar cuerpos perdidos, escenografiada en colchonetas como muros o como botes salvavidas, igual que las maletas que guardan media vida y también se ahogan en el mar. El final propuesto fue una prueba de eliminación para saber quién pisa el continente europeo, quien es apto para ser refugiado / extranjero / inmigrante y quién no.

Fotografía de Ilde Sandrin [Taller Éxodo]

¿Sentís que tenéis valor como ciudadanos en la sociedad en la que vivís?

Al final de estos talleres, las muestras finales enseñaron al público dos procesos de trabajo amplios y profundos, aunque de manera distinta. Por un lado, en 21 acciones para el siglo XXI, cada alumno y alumna diseñó una acción artística individual que fue mostrada en forma de exposición colectiva dentro de la programación de la II edición del festival La Sub25 en Matadero. En el caso de Éxodo, fue una puesta en escena conjunta en la plaza del Teatro Auditorio Federico García Lorca. Y en conjunto, dos apuestas que alzaron voces personales, sociales y contemporáneas para enlazar con su tiempo histórico y analizarlo, para reconstruirlo lo mejor que sepan o les dejen hacer.

Fotografía de Ilde Sandrin [Taller Éxodo]

Amanda H C

LaJoven

[los números imaginarios]

Carlos Tuñón

Raúl Pulido

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