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«El machismo es un problema social y colectivo que sostenemos entre todos de forma individual». Entrevista a Irene Herrero Miguel, autora y directora de VULVA

Es un lunes de mierda para Lucía. El caos se desencadena en su vida cuando se entera de la filtración de aquel vídeo que envío hace unos años y que ahora todo el mundo en su lugar de trabajo tiene en su poder. Parece el comienzo de una historia de ficción, pero lamentablemente es solo una entre tantas que ocurren en la realidad de nuestros días, aquellas que vulneran la intimidad de las mujeres y las arrastran en caída libre a la vergüenza, la desesperación y la pérdida de confianza.

Vulva es la propuesta que ilustra el caso de esta protagonista real que tuvo que vivir aquello y que se muestra en un escenario de manera ficcionada, poniéndonos delante de nuestros ojos uno de los tantos ejemplos inaguantables a los que las mujeres nos seguimos viendo sometidas, tanto a nivel personal como colectivo. Esta obra ha sido escrita y dirigida por Irene Herrero Miguel quien puso el foco sobre Verónica, una mujer que se suicidó en 2019 en Madrid tras sufrir acoso en su lugar de trabajo al hacerse viral un vídeo íntimo. “Me removió mucho y me despertó mucha curiosidad cómo un acto realizado en un contexto de libertad como parte de un juego se podía volver en tu contra a través de la mirada de los otros”. Con ella hablamos sobre este primer trabajo escénico que continúa su andadura esta vez en el Teatro del Barrio.

El estreno oficial de Vulva fue en Sala Mirador el pasado mes de diciembre y el proyecto comenzó en el marco de un máster de creación teatral sin tener claro un plan de exhibición ni capital para comenzar la producción. “Como todo lo que termina bien, empezamos pidiendo favores a amigos y la cosa ha ido creciendo. Ahora, somos un equipo de quince personas y hemos creado una familia muy bonita. Ya nos conocemos y hemos ido encontrando nuestro lenguaje y nuestra forma de trabajo, espero que podamos hacer muchos más proyectos juntos como compañía”.

Sobre la forma en la que la autora pensó levantar su proyecto, no se planteó hacer teatro documental aunque “sí que hay escenas y diálogos inspirados por vivencias reales que he podido tener yo o mis amigas”. Otro capital han sido los medios de comunicación como “una fuente de inspiración inagotable, por desgracia, la realidad supera a la ficción y en relación al placer femenino es sorprendente el morbo que despierta”.

En el camino ya recorrido y durante su estancia en dos teatros madrileños, a esta joven dramaturga y directora le llama la atención la respuesta que están recibiendo por parte del público: “Lo que más ilusión nos hace es que la gente se queda fuera, en la puerta, al salir de ver la función, comentando lo que acaban de ver y debatiendo. Lo que pretendemos es compartir nuestras preguntas y parece que lo estamos consiguiendo”, afirma.

Te estrenas como dramaturga y directora, ¿cómo ha sido la experiencia?

Está siendo un aprendizaje tremendo a muchos niveles. Afrontar este reto en medio de una pandemia y con una obra de cinco intérpretes no sé si fue muy prudente por mi parte (se ríe), pero gracias al trabajo de todos, está saliendo y estoy muy contenta con todo lo que está generando. Por suerte, dentro del equipo contamos con personas que están empezando, como yo, y otras que llevan muchos años de carrera a sus espaldas. Esta variedad de perfiles creo que es muy interesante y enriquecedora para el proyecto.

La escenografía de la obra es uno de los puntos fuertes. Cuéntame cómo la trabajasteis.

La idea original del espacio escénico la concebimos Joaquín López-Bailo y yo de forma paralela al proceso de escritura. A nivel cromático, nos interesaba construir un mundo de juguete, un universo naif de colores pastel que nos llevara al mundo del colegio, a un lugar de cartón-piedra donde las cosas no pasan de verdad, ya que queríamos hablar de esa “infantilización” excesiva de los niños que justifica que los dejemos al margen de ciertos asuntos. A través del color, buscamos el contraste con la realidad tan dura que estamos trabajando. Desde la dramaturgia, trabajamos la idea de encerrar a la protagonista en el colegio, en ese entorno asfixiante en el que todo el mundo habla de ella, y plásticamente trabajamos con ese suelo rosa cuadrado del que Lucía no puede salir.

La obra toca muchos temas en torno a la sexualidad femenina desde diferentes perspectivas. ¿Habéis aprendido algo que os haya llamado la atención sobre todo eso durante el proceso de ensayos o cuando la habéis estrenado?

Hemos aprendido muchísimo de muchas cosas (ríe). Es verdad que cuando comentamos con nuestro entorno que estábamos trabajando en este proyecto, comenzamos a oír hablar de muchísimos casos similares a este. Algunos más mediáticos que otros, pero muchos con un desenlace igualmente trágico. Resulta muy sorprendente que esto pase tan a menudo y no estemos siendo capaces de resolverlo. A nivel más concreto, por ejemplo, nos llamó mucho la atención que, analizando los programas educativos de primaria, se presta poquísima atención al placer y los afectos. Como sociedad, no sé dónde esperamos que aprendan los niños este tipo de cosas… Uno de los personajes dice en un momento de la función “Lo que nadie en esta mesa está pensando es que la palabra clítoris no aparece en el libro de primaria”.

Precisamente, un punto clave durante la función de Vulva es el hecho de que no todo aparece representado en escena y ni se ve ni se dice explícitamente. Las palabras y las acciones acogen ciertos datos que el público se va imaginando con la propia información de nuestra realidad más inmediata y con la de un imaginario común que va construyendo nuestra historia a nivel social. “De alguna forma intentamos dar cabida a las distintas realidades que perciben y construyen los personajes del entorno de Lucía y lo que hemos pretendido es dejar las lagunas suficientes para que también los espectadores construyan su propia versión de los hechos”, explica Herrero, con una firme convicción de seguir cuestionándonos juntos y juntas. Desde esta idea, tuvo la intención de “no presentar una pieza panfletaria o moralista”.

Imagino que no es casualidad que la protagonista de la historia trabaje en un colegio para que aparezcan también cuestiones del ámbito educativo, ¿no?

Claro, al empezar a trabajar con la historia real, buscamos un espacio donde situar la acción que fuera conflictivo en sí mismo. Hablar de sexo en un contexto, a priori infantil, plantea un tabú tan grande que es como una bomba a punto de explotar. Esto, además, nos permitía llegar al origen, al punto de partida, para que el sexo se convierta en un tabú.

Todos los personajes van dado su opinión sobre lo que pasa en escena, tanto si se la piden como si no, ¿sientes que esas actitudes son un reflejo de la realidad social en la que vivimos?

Sí, bueno, creo que opinar sobre cosas que no nos incumben es algo muy humano, lleva pasando en los pueblos toda la vida. Sin embargo, cuando las redes sociales entran en la ecuación, el nivel de alcance se dispara y entra en juego también el anonimato. Aunque los prejuicios son algo inherente al ser humano, tenemos que empezar a ser conscientes de que las redes sociales hacen que la presión se multiplique, tenemos que trabajar para no ignorar la responsabilidad que tenemos sobre las personas que nos rodean y sobre nuestras acciones.

Desde pequeñas nos enseñan a cohibirnos con frases como “eso no se toca” o “tienes que ser una señorita”. ¿Cuál sería la acción definitiva que cambiase todo eso y nos diera libertad para mandar sobre nuestros propios cuerpos?

Hablar de una acción definitiva a lo mejor es un poco optimista. Vivimos en una sociedad compleja y no creo que se pueda hablar de una acción específica. Sería fundamental que la sexualidad dejase de ser un tabú, que le diéramos un espacio en la conversación y, sobre todo, en la educación. Habría que trabajar sobre el estigma y el tabú en torno al sexo, al placer y a los afectos, sobre todo, femeninos. En nuestra tradición judeocristiana y machista, el deseo de las mujeres está ligado a la culpa. Hasta ahora, solamente se nos ha permitido vivir nuestra identidad sexual como objetos de deseo y no como sujetos que desean. Mientras exista el heteropatriarcado vamos a tener que ir peleando paso a paso para vivir con esta libertad.

Pienso en las redes sociales también como oportunidad para herir, divulgar o reírse de alguien, como es este caso. Además, uno de los temas que se ha presentado recientemente en la Asamblea de Madrid por parte de una diputada ha sido el ciberacoso que sufren las mujeres. Y me hace pensar que, muchas veces, ese tipo de situaciones que sufrimos se acomodan en la etiqueta de “problemas de mujeres” y se dejan de lado o para lo último. ¿Tienes la misma sensación, cómo lo ves?

Sí, bueno, pasa con casi todo en realidad. Cuando a algo se le pone la etiqueta “de mujeres” es como si perdiera valor para el común de los mortales. Pasa con las novelas, con el humor, con las leyes, con los deportes… Es ridículo que se nos trate como a una minoría, como a un colectivo en los márgenes, cuando somos más de la mitad de la población. Las mujeres sufrimos un tipo de acoso en redes sociales específico y particular por el hecho de ser mujeres y esto es un problema que debemos afrontar como sociedad de forma colectiva. No pueden ser “cosas nuestras” o un tema secundario.

En un momento actual tan manoseado, en el que las opiniones sobre cualquier tema abundan, la verdad y la libertad se utilizan sin control por y para el poder y el feminismo continúa siendo un tema tan criticado y expoliado, es importante conocer nuestros comportamientos también a través del teatro pero no como lugar de respuestas sino como punto de reflexión y dudas para seguir investigando nuestros caminos y seguir dialogando de forma constructiva. Por ello, uno de los objetivos presentes en Vulva es “generar esa sensación de multiplicidad. Es muy interesante analizar cómo enfoques opuestos y contradictorios sobre la cuestión que tratamos pueden ser igualmente dañinos para la protagonista”. Y esto es otro de los grandes aciertos que se consigue y se estimula durante la función ya que “la idea siempre fue compartir las preguntas con los espectadores e indagar en torno a mis propias contradicciones. Hemos intentado arrojar sobre la escena nuestras propias preguntas y contradicciones para ver qué pasa. Lo interesante es que el público sale con muchas ganas de hablar y lo curioso es que no todo el mundo extrae las mismas preguntas que nosotros. Esto para la compañía tiene muchísimo valor”.

En la actualidad, y por fortuna, cada vez son más las obras que muestran prejuicios y roles de género diferentes para intentar corregirlos. ¿Cuál dirías que es la reflexión sobre ello que tiene Vulva?

Bueno, creo que a veces hablamos del sistema y el heteropatriarcado como algo ajeno a nosotras. En Vulva, intentamos indagar en estos conceptos y creo que en el proceso terminamos aceptando que somos nosotras y nosotros los que sostenemos estas estructuras con nuestra forma de actuar. El machismo es un problema social y colectivo que sostenemos entre todos de forma individual.

Con un texto como este, articulado sobre varios casos de mujeres que han sufrido acoso, ¿qué crees que puede aportar el teatro para dejar de juzgar a las mujeres por tantas cosas?

Bueno, de alguna manera el escenario nos ofrece un reflejo en el que mirarnos. Las palabras que utilizamos todos los días encuentran una dimensión diferente cuando se dicen en escena. Hemos buscado generar un lenguaje muy natural, lleno de expresiones habituales y lugares comunes. Creo que muchas veces no nos damos cuenta de las implicaciones que tiene lo que decimos. Entre otras cosas, Vulva reflexiona sobre el lenguaje y su poder para apropiarse del relato y generar realidades. Nuestro lenguaje es un reflejo clarísimo de la desigualdad.

¿Qué otras palabras, además de vulva, te gustaría que verbalizásemos como sociedad y aprendiéramos a decir como individuos?

Nuestro lenguaje se basa en frases hechas y expresiones que, si indagas, tienen orígenes machistas, racistas, homófobos, capacitistas… porque nuestra sociedad es así. El tabú y la confusión en torno a la palabra vulva es un reflejo del estigma sobre el placer femenino, pero existen eufemismos para juzgar y machacar a todos los colectivos. No tengo claro si es la sociedad la que tiene que cambiar el lenguaje o si cambiar el lenguaje nos permitirá cambiar a la sociedad, pero creo que es importante que seamos capaces de reflexionar sobre lo que decimos y ser capaces de escuchar y aprender.

Además del lenguaje y la educación, ¿con qué otras herramientas crees que podríamos luchar contra esta culpa que nos imponen a las mujeres?

La culpa es una herramienta del heteropatriarcado para desmovilizarnos, para que se nos quiten las ganas de intentar cambiar las cosas. Es un mecanismo que se activa a través de las ficciones que consumimos, el trato que recibimos por parte de un sistema sanitario que se ha centrado en las necesidades masculinas y que nos culpa por no entrar en ciertos patrones o la industria de la belleza que nos obliga a invertir tiempo y dinero para llegar a unos estándares…  Es un mensaje que nos llega desde todos los ángulos y para luchar contra él es fundamental que nos apoyemos las unas en las otras. Creo que es muy importante afrontarlo como un asunto colectivo; la mejor herramienta es la sororidad, el apoyo de las amigas.

¿Piensas que nos falta interés como sociedad para seguir combatiendo muchas situaciones reales que plasmas en la obra o estamos bastante concienciados/as?

Bueno, vivimos en un mundo complejo y lleno de injusticias. Cada uno elige su batalla, pero es cierto que la desigualdad de género alimenta el sistema en el que vivimos y hay mucha a la que le interesa que eso no cambie.

Después del estreno de tu primera obra larga, ¿qué viene ahora?

Seguimos trabajando para que Vulva crezca poquito a poco. Nos gustaría llevarla de gira y poder compartir esta historia también en institutos. Después, no se sabe, ojalá vengan muchas historias más y podamos contarlas con Las horas del humo, la compañía que hemos creado juntos.

Amanda H C

Irene Herrero Miguel

Sala Mirador

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