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BERNARDA Y PONCIA o la perfección

Los jueves por la tarde, todos los amantes de Lorca y su obra tienen una cita ineludible en La Encina Teatro. Allí, en comodidad y cercanía, se asiste a un éxtasis difícil de explicar. Y es que, teniendo en cuenta la cantidad de creaciones y otras cuestiones que surgen de Federico todos los años, casi nadie había conseguido revivir su alma de la manera que lo hace Bernarda y Poncia (silencio, nadie diga nada) bajo la batuta de Manuel Galiana.

La obra, creación de Pilar Ávila (quien, también, da vida a Bernarda), habla de lo que pasó después del fin de La casa de Bernarda Alba. Después del aislamiento, del que dirán, de los sentimientos y de los Pepes Romanos de turno, esta pieza nos cuenta en primera persona qué eran y qué son la señora y la criada. Bernarda y Poncia, 8 años después, dialogan en un día de verano que significará el fin para muchas cosas y mostrará quiénes son en realidad. Sin caretas, ellas son las protagonistas desnudas ante la verdad sin perder un ápice de sus señas de identidad porque, como dejó escrito Lorca, “sigue sin haber confianza” entre ambas. De esta manera, el espectador se asoma a una casa que sigue cerrada con muchos secretos pero, también, al drama y al origen de todo ello. Lo que llevó a esas mujeres a ser así. Ángel o demonio al descubierto en unas conversaciones íntimas que dejan claro que las dos fueron víctimas. Todo ello llevado a cabo con una maestría y originalidad que habla de ese duende que tiene que tener toda creación para que se le pueda llamar obra de Arte en mayúsculas.

Tanto Ávila como Pilar Civera en el papel de Poncia encarnan de manera excelente los personajes hasta el punto de que salen de la tinta y se vuelven de carne y hueso. Desde la dureza en el tono de Bernarda hasta la forma de mirar de Poncia, hablan de unas interpretaciones sublimes que llegan al público al punto de arrancarles más de una lágrima. Y es que hacen suyas a la perfección estas palabras de Lorca: “el teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla, grita, llora y se desespera”.

En cuanto a los aspectos técnicos, tanto la iluminación como la escenografía, además de otras cuestiones como la producción, son llevadas a cabo por la Compañía Teatro Intimo. En los dos elementos, la sobriedad es su leitmotiv pero esto no significa que el buen hacer que rodea a toda esta obra no esté también presente en estos puntos. De hecho, la sublimidad vuelve hacer uso de presencia y algunas tonalidades de luces distintas, dos sillones o una vela son suficientes para transmitir la soledad, la nostalgia, el tiempo pasado y el olor a cerrado tanto físicamente como mentalmente. Y así transmitir la vida de dos mujeres, diferentes pero a la vez iguales.

Lo mismo en sintonía con esa calidad, se puede comentar del vestuario llevado a cabo por Trinidad Mora Lara. Pañuelos, toquillas, faldas largas…Todo con el negro como base nos lleva perfectamente a viajar a esa España de la guerra que, algunas hemos seguido viendo en nuestras abuelas. A la vez que en cada una de ellas se refleja el paso de una vida que, aunque con momentos dulces, no ha sido fácil a pesar de que ya no se pueda llorar y sus cuerpos, con moños a medio hacer incluidos, muestren cicatrices que hablan de todo ello. Y es que justamente de eso, de la realidad callada de las mujeres, es de lo que hablaba Federico en su famosa trilogía trágica de la que Bernarda y Poncia es una digna heredera.

Poco más puedo decir salvo que vayan corriendo al teatro a ser testigos de esta maravilla sobre las tablas que es esencia del teatro más puro. Estoy segura que, desde los asientos, Federico aplaudiría el primero.

La acción se encuadra 8 años después de la muerte de Adela, hija menor de Bernarda Alba, transcurre durante doce horas de un día de verano, entre el amanecer y el atardecer, donde dialogo a dialogo de nuestros personajes se van desvelando los secretos de una familia marcada por la tragedia. Se van resolviendo los conflictos que existen entre los personajes, hasta volcar las emociones una sobre la otra, desde una edad temprana hasta la ancianidad. Y resolviendo preguntas como: ¿Qué fue de las demás hijas de Bernarda Alba?, ¿cuál es la relación con Poncia?, ¿ Bernarda tiene sentimientos? ¿Y Poncia?

Sonia López

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