Proyecto Duas

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UN CAFÉ CON GUILLERMO CACACE

La programación que cada temporada ofrece El Umbral de Primavera aumenta por momentos nuestra atención. Su espacio recibe variadas disciplinas artísticas siempre efervescentes en el panorama madrileño actual. Pero ahí no se queda la cosa ya que su carácter internacional continúa en alza y cada vez son más los cursos que dan la oportunidad de formación en este espacio. Tanto es así que este verano no ha cerrado sus puertas y ha acogido, entre otros, al director argentino Guillermo CacacePrecisamente, en uno de los cursos – ‘El afuera como eje de la creación actoral’ – es donde le conocemos y nos crea la curiosidad de charlar con él sobre teatro.

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Ya van unos 30 años de dar clase y estar dirigiendo, pero, ¿en qué momento comienzas a desplazarte de ser actor a director y a empezar a enseñar?
Pasó casi por accidente. Yo sólo quería ser actor cuando tenía 18 años y no pensaba en ningún otro rol y ni siquiera sabía a qué se dedicaba un director. Tras varios años de entrenamiento como actor, se enferma mi maestra y, siendo uno de los estudiantes más antiguos, me pide que tome a mi cargo el curso. Al principio le dije que no, que no me sentía en condiciones de hacerlo, pero ella quería que lo intentase porque confiaba en mí. Lo hice, y en ese momento, me enamoró la posibilidad de lo que se podía ver desde otro lugar. Un lugar que había sido impensado para mí. Allí descubría, por primera vez, un punto de vista desde fuera y me entusiasmó mucho. Durante 14 años, un poco más, trabajé como actor y, con el tiempo, le fue ganando más espacio a ese actor: la dirección, la investigación teórica y el entrenamiento de actores. Desde esos roles advertí cosas que no sabía que sabía. Es más, en mis clases, al actor quizás le pida trabajar sobre puntos que, para mí, al día de la fecha, siguen siendo un misterio, una cifra. Pido lo que puedo y lo que no puedo, lo que pude y lo que no pude como actor… con la investigación como base, claro.

¿Qué te prepara a ti para dirigir o para enseñar?
Antes, me preparaba la planificación. Y hoy, me prepara confiar en que ya llevo muchos años preparando y en que prepararme, si lo sigo haciendo, me evita encontrarme con el imprevisto, con el accidente, con el no saber, con la incertidumbre. Entonces, hoy me prepara no prepararme. Mis 30 años enseñando me autorizan a lanzarme al vacío y a preguntarme qué veo y saber que puedo prescindir, incluso, de un diagnóstico previo. Cuando era más joven, preguntaba y quería información sobre los alumnos. Hoy, llego, los pongo en movimiento y dejo que lo que me sugiere el cuerpo del actor trate de encontrarse con lo que yo quiero proponer, que pongan en jaque mi plan, mi cuerpo. Todo esto en función de facilitar la emergencia de un presente absoluto, que siempre se ve invadido por el pasado, por el conocimiento, por la experiencia previa… A veces, esa experiencia previa inhibe la posibilidad de estar teniendo otra más consistente.

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Mi hijo sólo camina un poco más lento es la obra que actualmente se presenta en Apacheta, la sala de Cacace en Argentina y que se pudo ver hace unos meses en nuestro país, en el teatro La Villarroel de Barcelona.

Diriges desde 2003 la sala teatral independiente Apacheta, ¿es tu reducto personal y profesional?
Sí, es mi atelier. Allí, se arma una suerte de laboratorio que nació con el fin de tener un sitio donde concentrarse. Mi actividad estaba dispersa en diferentes lugares que rentaba. Es mi reducto, sí, tiene el oxímoron de ser un reducto que amplía, que expandeAdemás, es un sitio que cuesta mucho, como cualquier sitio independiente, ya que son muchas las exigencias habilitatorias por parte del gobierno de la ciudad y muchas las tareas de gestión que requiere. Hemos cambiado de sede, después de 15 años, y nos hemos mudado a una zona muy típica de buenos aires que es San Telmo, pero el proyecto es el mismo: experimentar, ensayar, producir y formarnos mientras formamos a otros.

¿Qué importancia tiene la mirada del otro para el actor?, ¿la tiene también para un director?
Entre actores, no se trata de qué importancia tiene la mirada del otro sino la presencia del otro en mí. La mirada, en el siglo en el que nos toca vivir, es algo que monopoliza la percepción. Se trata de defender la capacidad de registro del otro para habilitar una escucha que se pueda expandir desde la mirada hacia la piel y proponer, así, que el cuerpo del actor sea poroso, que en su porosidad pueda alojar la alteridad. En definitiva, que sea un cuerpo ahuecado, no lleno de ojos sino de capacidad para confiar en que no sólo lo escópico o la escucha auditiva tienen la función de percibir esa proximidad, ese vértigo, ese abismo entre los cuerpos, esa tensión fundamental que tiene que haber para actuar. Tanto en el entrenamiento actoral como en la dirección, me ocupo de que los cuerpos sean una suerte de entramado físico que, sobre todas las cosas, sostenga el acontecimiento escénico. La cuestión no pasa porque un director genere un dispositivo de puesta en escena que controle, organice, ordene. Para mí, el actor es una entidad indominable y no quiero estar ahí para disciplinarlos en función de una puesta en escena o de un texto. La ilusión de dominio no me interesa.

¿Existirá algo así como un “método Cacace”?
Ruego que no, quisiera creer en Dios para pedirle que nunca pase eso. Como no creo, lo único que me queda es advertir a todos mis estudiantes que “esto no es una pipa”.

¿A cuántas preguntas vitales te ha contestado el teatro hasta ahora?
A una fundamental; cuando comencé a entrenar actuación, me di cuenta de que había un modo de comprender el mundo diferente a como lo venía haciendo gracias a la educación institucionalizada. Si la institución, la cultura, propone un conocimiento casi cartesiano del mundo – lo pienso para poder entenderlo, luego existo – el teatro me proponía un conocimiento sensible y tan fundamental como el otro. Me permitió ubicar lo racional en un campo no más importante que la aprehensión sensible del afuera. Un campo de conocimiento con el que me podía instrumentar de otra manera en relación al mundo que, hasta ese momento al menos, no había advertido que tenía. Ese fue el lugar más vital para mí; hay otra comprensión/mundo a la que yo llego a través del teatroOtros lo harán por otros caminos.

¿Hay algún tema políticamente incorrecto para hablar en teatro o se puede tratar todo lo que queramos o imaginemos?
Creo que el teatro da cabida a todo. Pasa que hay mucha corrección política y creo que la máxima corrección es la que tiene que ver con la cantidad de dramaturgos y directores, más que actores, creyéndose los dueños de una verdad que tienen que comunicar a otros que no la saben. Estoy aburrido, por no decir harto, de escuchar discursos que usan el escenario a modo de púlpito. Me parece ingenuo y viejo creer que la escena pueda resultar un lugar didáctico para que me transmitas lo que entendiste. Eso es excesiva y políticamente correcto; que alguien me convide a ver un teatro cuyo destino final pareciera ser la felicidad de que nuestras bibliotecas coincidan. Ante eso me pregunto qué estamos haciendo si luego sales del teatro y te sientes solo como un perro, viviendo en una realidad de un orden absolutamente insatisfactorio. Todo lo que nos atraviesa (problemas personales y colectivos), ¿es algo para enunciar o puede revisar cómo cambiamos los modos desde los que nos encontramos? Si el teatro, históricamente, ha tenido funciones didácticas, tengo otra pregunta para quienes vemos teatro; ¿soy yo el indicado para decirle al otro lo que ya sabe? Si un teatro no propone que yo tenga la posibilidad de desacuerdo, no nos estamos encontrando. La diferencia tiene que ser puesta en juego, no para discriminar, sino para discutir cómo estamos viviendo.

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Cuando llega el momento de hablar de la crisis que sufre el teatro, el argentino lo tiene bien claro; “esta conversación no debería existir, todos los funcionarios políticos a los que pagamos los sueldos deberían observar qué pasa con la concurrencia de público al teatro y descubrir estrategias para expandir la potencia de esta práctica. Tendrían que generar políticas culturales lo suficientemente contundentes, preocupadas por el bien común, para que estas conversaciones no existan y para hubiera gente ocupada en que algo tan noble como un arte que sigue proponiendo una zona de encuentro entre dos grupos humanos sin mediaciones virtuales; los que hacen y los que ven. Pero, ¿no será que no conviene que los cuerpos se encuentren?”.

Estamos por terminar y las dos preguntas que nos quedan hablan del presente virtual y del futuro que aún está por armar. Continuamos y cerramos con ganas de volver a encontrarnos en una sala, sea dirigiendo o enseñando.

¿Qué importancia han tomado las redes sociales para tu vida y tu carrera?
En principio, me aparecen dos situaciones respecto a las redes sociales: En la medida en que se usen para quebrar la noción de lo íntimo y lo hagan público, espectacularizando la intimidad, realmente creo que son un aporte a la decadencia. En la medida en la que permiten convocar a lo público, viralizar nuevas formas de organizarnos en la diferencia, son fundamentales.

¿Algún proyecto o tema del que quieras hablar y aún no hayas hecho?
Sí. El proyecto sería gozar del tiempo necesario para hacer una obra que a todos nos dé mucho placer, un placer no egoísta, placer de la red. Una que convoque nuestros más genuinos deseos de libertad creativa, de prueba, de eterno estado de ensayo y riesgo… Que nos desafíe por igual. Que dicha producción sea bien remunerada y que conmueva a otros que no seamos nosotros mismos. Esa obra todavía no la hice.

Amanda H C

El Umbral de Primavera

Más teatro

Un comentario el “UN CAFÉ CON GUILLERMO CACACE

  1. olgabaudiliaperalta
    septiembre 26, 2018

    “Un café con Guillermo.. Me encantó el comentario, en especial cuando expresa que todos los políticos deberían ocuparse de lo cultural, en especial del teatro .

    Me gusta

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