El Teatro Victoria ha devuelto a la vida al “no muerto” por excelencia. Este no es otro que el mismísimo Conde Drácula; creado por la pluma del genial Bram Stoker convirtiéndose en el vampiro protagonista en el imaginario colectivo. Y siguiendo su sombra, mostrada ya en mil y una adaptaciones, Teatro la Barraca presenta su historia en una propuesta en una de las calles con más leyenda que hay en la capital.
Sandra Serrano dirige y adapta esta versión que prosigue con lo que otros ya habían construido. Así mismo, se respeta el espíritu de la novela original (véase por ejemplo el hecho de resaltar el carácter epistolar de la misma) a la vez que se mezcla con otros trabajos como es el caso del film de Coppola de 1992. Incluso atreviéndose a meter elementos humorísticos en una creación que, por simple definición, tenía que moverse en el género del terror. Tarea harto difícil sobre las tablas de un escenario y que se consiguió pocas veces (véase la escena de baile entre Mina, el Conde y Jonathan).
El resto se sustenta en un trabajo coral de varios actores y actrices. A saber: Pablo Remiseiro (Jonathan Harker), Jesús Ortega (Conde Drácula), María Díaz (Mina), Sofía Cocola (Lucy), Guillermo Gil (Van Helsing) y Antonio Niro (Quincey Morris).
Si bien se trabajaron cosas como el rechazo al diferente de una sociedad victoriana hipócrita que está presente en el relato y que mucha gente no conoce; me gustaría que, alguna vez, dejaran de lado la frivolidad y personajes como el de la pobre Lucy se mostraran desde otra perspectiva a la que nos tienen acostumbrados.
Compañía invitada en este teatro y que pronto volverá a abrir la puertas del castillo del Conde para todo aquel que desee entrar. Eso sí, “dejando la felicidad que trae consigo fuera”.
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