Entre latas de Coca-cola, chocolatinas, chicles y lubricantes, encontramos pequeñas obras de arte. Habituales expendedoras de refrescos y snacks en aeropuertos, hospitales o estaciones de metro, estas máquinas de vending son reinterpretadas en esta ocasión como un espacio atípico de difusión artística. Gracias al proyecto Arte 24h los transeúntes del madrileño barrio de Malasaña pueden adquirir en ellas pequeñas piezas con total disponibilidad horaria.
Máquina Expendedora Arte 24h
Una interesante y desenfadada forma de distribución del arte que, inserto en un entorno cotidiano, se sitúa al total alcance del público general. Esta accesibilidad se extiende incluso a la adquisición de las obras: cualquiera con unas monedas puede comprar una obra única y certificada, convirtiéndose en un pequeño, pero valioso, coleccionista. Un fenómeno cargado de misterio, mágico, sorpresivo… uno desconoce qué obra se deslizará de la máquina hasta sus manos.
Transeúntes frente a la
máquina expendedora
(C/ Jesús del Valle, 11)
Marina Leyva, emprendedora y artista, firma este atractivo proyecto en el que la iniciativa empresarial de distribución de productos habituales, ha acabado llenando las máquinas expendedoras de obras de arte. Esta reinterpretación del espacio comercial viene alentada por las inquietudes artísticas de Leyva quien, tras investigar la experiencia en otros países, decidió darle un giro a la idea apostando por la difusión del arte a pie de calle.
En esta aventura a Mariana Leyva le acompaña su Paola Romero, artista y amiga, que con sus Máquinas Memoriosas comparte sus recuerdos de infancia en pequeñas acuarelas de formato 14×14 cm.
Las chocolatinas con figuras de los reyes magos, Paola Romero
Paola Romero en la
máquina expendedora
Entre los precedentes que inspiraron el proyecto Arte 24h. Destaca la idea original de Clark Whittington que, hace más de una década, modificó una antigua máquina de tabaco para transformarla en un
a dispensadora de pequeñas obras de arte. Con ella, la primera de las Art-o-mat, vendía fotografías en blanco y negro por un dólar.
Una idea de gran éxito, que se desarrolló exponencialmente, llegando en la actualidad a contar con más de 90 máquinas por el mundo (muy numerosas en Estados Unidos y Canadá), donde adquirir dibujos, esculturas, cuadros y demás objetos artísticos a un precio asequible. Más de 400 artistas han colaborado en el proyecto, consolidado en la compañía Artists In Cellophane (AIC).
Años más tarde, la firma de publicidad Wieden+Kennedy produjo una campaña en Oregon (EEUU) en la que un grupo de artistas colaboraron con su obra, que fue distribuida a través máquinas expendedoras en el marco de un evento caritativo llamado Insert Change Here.
Insert Change Here.
Todas estas prácticas suponen una plataforma atípica que fomenta el coleccionismo particular, acercando el arte a la gente y trascendiendo los circuitos tradicionales de adquisición. Así, logra desplazarlo del espacio de la exclusividad insertándolo en la cotidianidad. A riesgo de parecer una forma de trivializar el arte y equipararlo a un producto comercial cualquiera, lo cierto es que es una potente herramienta de visibilización. Al normalizar la presencia de piezas artísticas en entornos habituales se rompe la tradicional barrera que acostumbra a separarlo de la cotidianidad, recordando que la conexión con el público es fundamental, pues éste interpreta y da sentido a la obra completando la labor iniciada por el artista.
No se trata de convertir las obras en productos; por su precio reducido, el importe es casi un símbolo a cambio de poseer una pieza única. Por ello, lejos de parecer una maniobra de vulgarización y comercialización del arte, prima la idea de ponerlo al alcance de todos. Ahora el arte irrumpe en la cotidianidad reivindicando su presencia y venciendo esa ruptura con el mundo real que suele distanciarle de la gente. El ámbito galerista acostumbra a envolver el fenómeno de venta de un halo de exclusividad, por lo que este proyecto abre el círculo tradicionalmente reservado a unos pocos privilegiados. Extendiendo la idea del artista francés Marcel Duchamp de que cualquier cosa puede ser arte y cualquiera puede convertirse en artista, ahora cualquier puede también devenir coleccionista ¡Abrid bien los ojos, el arte os espera a pie de calle!
Victoria D. Gascueña