Casi a la misma vez que Cristina Marín-Miró coloca la famosa teoría de la antropóloga Margaret Mead – el primer signo de civilización fue un fémur fracturado y sanado – al comienzo de La alojería, la protagonista de la nueva pieza de María Velasco se enamora en Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos. Estas dos directoras atraviesan sus piezas con la palabra amor. Y escribo palabra porque cada una le da uno o varios significados. Les une, además, la famosa canción de Massiel cantada en directo increíblemente por Cristina García, en la primera propuesta, y por Carlos Beluga, en la segunda, quien realiza uno de sus mejores trabajos escénicos.
La alojería, en el Teatro Clásico, ha sido creada a partir de textos de Agustín Moreto, María de Zayas y Lope de Vega, entre otros, y es la última obra que compartirán los integrantes de la sexta promoción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico (que ha resultado extraordinaria). En esta despedida, juegan con conceptos de amistad, amor, celos, traición, no correspondencia y generosidad, a través del teatro del Siglo de Oro, hilando fino y contundente con el 2025, con jóvenes y mayores y con lo mejor y lo peor de cada sentimiento.
Y, a veces, lo peor es ser autónoma, haber cumplido los 40, haber probado aplicaciones de citas y el sexting o haber aprendido en carne propia palabras como ghosting, zombing o stalkeo. Todo esto y más le ocurre a la protagonista, interpretada por Maricel Álvarez, de Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos, escrita y dirigida por Velasco. Se trata de una obra de teatro en la que cabe mucho amor, uno lleno de dudas sobre la pareja, de no entender, de crítica a la educación romántica, de preguntarse cómo se puede amar con una crisis mundial como contexto, en pleno auge de la extrema derecha, si se puede amar y a la vez destrozar el mundo, si se puede amar desde una perspectiva feminista… y si el amor es un ovni que coge órbita en Nave 10 Matadero, ¿cómo se vive?
El amor y sus múltiples aventuras también están presentes en el Orlando de Marta Pazos. Su contraste entre tiempos, cuerpos e ideologías llenan el escenario del Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional. La literatura y la naturaleza se dan la mano de una manera exquisita, con cuerpos que danzan entre siglos, corazones y cuadros escénicos que permanecerán largo rato en mi cabeza. Qué gustazo de elenco en el que la poesía de Nao Albet se entremezcla con el ingenio de Laia Manzanares en el papel protagonista o en el que Alberto Velasco y Abril Zamora te atrapan sin que puedas dejar de mirarlos.
Comentaba con un amigo el otro día que estamos sorprendidas de que hayamos tenido que esperar hasta casi final de temporada para ver las obras que más nos están sobresaltando, gustando… enamorando. Aquellas con las que salgo de la sala con otro cuerpo y otra actitud, con ganas de recomendar y de seguir aplaudiendo, creyendo. Qué bueno que aún (me) ocurra.
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