La Sala Jardiel Poncela, del Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa, ha apostado este inicio de primavera por una distopía que nada tiene que ver con la luminosidad y la brisa propia de estos tiempos. Así, una nueva versión de 1984 ha visto la luz en las tablas en este teatro con más de una cosa que decir. Eso sí, si “el hermano mayor ” lo permite.
1984 cuenta la historia de una sociedad que vive en un régimen totalitario en el que nada es lo que parece ser. Sus ciudadanos viven vigilados de manera perpetua por cámaras y otros medios personificados en la figura de “el gran hermano” o “el hermano mayor ”. Si alguien decide vivir de manera diferente a lo establecido, será eliminado.
Winston Smith, protagonista de esta historia, comienza a escribir sus vivencias mientras descubre el amor y se interesa por otros caminos posibles aunque sean peligrosos. Para descubrir que todo es mentira y que no se puede escapar del sistema.
Este mensaje, tan impactante y actual, fue escrito en género narrativo por George Orwell en los años posteriores a las grandes guerras del pasado. Es un texto que araña y retuerce por dentro. Algo que esta nueva versión realizada por Javier Sánchez y Carlos Martínez también logra con creces.
Bajo la dirección del citado Martínez, cuatro actores representan esta trama bastante fiel al original sin ningún “pero” al respecto. Y es que, una vuelta de tuerca era innecesaria por la perfección de la materia prima y seguir sirviendo como revulsivo frente a una sociedad controlada por redes sociales y con un futuro incierto.
Así, es una obra coral en la que intervienen David Lázaro, Javier Ruiz de Alegría, Cristina Arranz y Javier Bermejo. Todos están impecables en su trabajo; si bien destaca David Lázaro, que se pone en la piel de Winston Smith, sobre todo en las escenas relativas al sufrimiento en interrogatorios, además de Javier Bermejo que tiene el reto más grande; el de interpretar varios personajes, en un montaje de gran duración, solo cambiando alguna piezas de vestuario.
En cuanto a los aspectos técnicos, destaca el espacio escénico e iluminación creado por Javier Ruiz de Alegría. Con aciertos como las televisiones antiguas o una cama que puede llegar a ser cualquier cosa sobre el escenario como principales puntales del trabajo.
Todo un acierto, al igual que el vestuario, de la mano de Escorzo Teatro, con esos monos obreros, tan totalitarios y ochenteros, que tan bien casan con la historia.
1984 es una historia que habla del pasado, pero también del futuro, que sigue agitando a todo aquel que se atreva a entrar en su reino. Esperamos que siga girando por más teatros. Es algo necesario por la calidad del trabajo bien hecho y por un mensaje que no tiene que quedar en el olvido nunca.
Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa
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