El Umbral de Primavera, uno de los espacios más reconocibles del circuito off madrileño, ha anunciado a través de sus redes sociales su cierre. De esta forma, se pondrá fin a más de una década de actividad artística, humana y social, vinculada a la creación contemporánea y a la exhibición de formatos escénicos híbridos y a toda clase de locuras desde su ambigú hasta su sala de teatro.
El anuncio ha llegado acompañado de un mensaje fiel al tono que la sala mantiene cotidianamente a través sus redes sociales. “Amigas, este proyecto de amor llega a su fin tras mucha lucha y tras muchos numeritos que no dan, porque somos de letras. En 2027, bajaremos el telón y echaremos el cierre. Mientras tanto y antes de llorarnos encima por lo vivido, disfrutemos de los momentos que nos quedan”. Lo han compartido en una story de Instagram, en una despedida que combina humor, precariedad asumida y una invitación a transitar colectivamente el tiempo que aún queda de actividad.
Ubicado en el número 11 de la calle Primavera, en pleno barrio de Lavapiés, el espacio se define como un “vivero diverso cultural” activo desde 2014, una etiqueta que resume bien su vocación de laboratorio para nuevas dramaturgias y lenguajes escénicos que, por desgracia, siguen sin tener cabida en circuitos más grandes y públicos.
Detrás del proyecto están sus gestoras Viviana López Doynel e Israel Giraldo (o como es habitual leer en sus stories “La Vivi y la otra”), figuras vinculadas a la creación y dinamización cultural que llevan sosteniendo durante años una programación coherente con la identidad del espacio. Su labor ha sido clave para consolidarlo como un punto de referencia dentro del tejido alternativo madrileño, apostando por la cercanía con las compañías y por un modelo de gestión independiente.
Actualmente, Viviana dirige la obra Hambre, programada dentro del XI Ciclo de Teatro Argentino, una iniciativa que sigue tendiendo puentes entre la escena madrileña y la dramaturgia latinoamericana. Además, la próxima semana llegará la sexta edición de [abril imaginario], una de las iniciativas más representativas vinculadas a la sala. Impulsado junto a la compañía [los números imaginarios], el ciclo funciona como un espacio de acompañamiento y exhibición de procesos de creación, en el que varias piezas emergentes se desarrollan a lo largo de meses para encontrarse finalmente con el público en abril. Concebido como un laboratorio colectivo, [abril imaginario] ha reivindicado desde sus inicios la necesidad de generar contextos de investigación, colaboración y tiempo para la escena contemporánea, al margen de las lógicas de producción convencionales.
El Umbral de Primavera es enclave único para la escena alternativa madrileña. Desde su apertura, la sala se consolidó como un espacio de pequeño formato con una programación ecléctica y con una cartelera permeable y en constante transformación.
Lejos de los grandes circuitos institucionales, apuesta por creadores y creadoras emergentes y propuestas de riesgo, funcionando como plataforma de exhibición para compañías independientes y como lugar de encuentro único entre artistas y público.
En estos años, han pasado por su escenario proyectos nacionales e internacionales, residencias de creación y muestras abiertas, entre otras muchas actividades, configurando una identidad ligada a la experimentación y a la permeabilidad disciplinar.
Este punto y final se suma a las dificultades estructurales que atraviesan los espacios independientes en Madrid: precariedad económica, presión inmobiliaria y falta de estabilidad para proyectos de largo recorrido.
Más allá de la desaparición física de la sala, su clausura dejará un vacío simbólico en el tejido cultural de Lavapiés, un barrio históricamente asociado a la diversidad artística y a la ebullición de iniciativas autogestionadas.
En 2027, se apagará uno de esos lugares donde la escena se piensa en presente y con la urgencia de lo vivo. Un umbral desde el que muchas creadoras y creadores dieron sus primeros pasos y en el que muchas hemos aplaudido en pie, celebrado la vida o pasado a saludar de vez en cuando.