La Compañía La Barraca apuesta por un clásico y lleva esta temporada a los escenarios una adaptación una de las obras cumbres del gran Oscar Wilde. Esta no es otra que la única novela que escribió completa en su trayectoria bajo el título de El retrato de Dorian Gray. Amor, críticas a la sociedad de la época, demonios ajenos y propios, entre otras cosas, se muestran en este trabajo que se puede ver estos días en las tablas de La Usina.
La historia, de corte gótico victoriano, cuenta las vivencias de un joven llamado Dorian. Después de haber sufrido avatares en su infancia, se encuentra debutando en una sociedad puritana y muy hipócrita de la mano de dos personas muy diferentes: el pintor Basil Hallward y el aristócrata lord Henry Wotton. Así, sin verlo venir, entra en una espiral difícil de llevar con final aciago. Eso sí, conservando su juventud y belleza en todo el proceso gracias a un pacto maldito entre su retrato y el mismo.
Aunque es un relato inscrito en el imaginario del público, muchas son sus caras por descubrir. Así que esta compañía, bajo la dirección de Sandra Serrano, ha tomado el testigo y ha presentado una obra digna del original. Siendo muy difícil en teatro mostrar el terror que tiene en el ADN la creación de Wilde.
Así, se resumen en una creación de 80 minutos, bastante fiel al original, en la que no falta ningún detalle siendo digno de alabar. Sobre todo, destaca la originalidad del uso del baile y juego de sombras para enseñar ese lado oculto que tiene el señor Gray y que nadie quisiera conocer. Incluyendo temas que fueron censurados en su época y que hoy en día deben de ser nombrados.
Este trabajo de corte coral es de calidad ante un reto brutal. Destacan en el grupo el trabajo de Jesús Ortega y de Pablo Remiseiro. Uno en la piel de Dorian y otro en la de Basil; crean un tándem genial al que no le falta detalle. Incluyendo esa aureola de ingenuidad que tiene el protagonista al principio y que pronto se convierte en llamas por todos los vicios y las acciones que va cometiendo en su vida. El resto del equipo actoral son: Natxo Molinero, Antonio Niro, Sofía Cocola, José Márquez y Sandra Serrano entre otros.
En cuanto a los aspecto técnicos, la escenografía muestra un especio clásico con un elemento principal; el lienzo que muestra el retrato de Dorian, Correcta, sin nada más que añadir, aunque me gustó el detalle del cambio de color de las rosas del jarrón. Quizá, en este punto, se debería dar una vuelta de tuerca a algunos recursos, como elementos de sonido, que hicieran más creíble la parte maléfica del trato mefistofélico que hace el protagonista.
Aún así, se ven cumplidas las palabras que el mismo Wilde dejó sobre esta obra y que la describen a la perfección: “Basil Hallward es lo que creo que soy, lord Henry es lo que el mundo cree que soy, y Dorian es lo que me gustaría ser, quizá en otro momento”.
El retrato de Dorian Gray es una buena propuesta dentro de un género poco llevado al teatro que gustará a todo público que se acerque. Su próxima creación, Drácula, seguro que tampoco defrauda.
Dorian Gray es un joven aristócrata muy atractivo que, tras desear que su retrato envejezca en lugar de él, se embarca en una vida de excesos y decadencia. Mientras Dorian permanece eternamente joven, su retrato refleja los efectos de sus actos inmorales, convirtiéndose en el espejo de su alma corrompida.
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