El Teatro Apolo de Madrid abre las puertas este 29 de noviembre a Los miserables, el musical, un espectáculo que parece uno más en la interminable cartelera, pero que resalta por su historia y su extraordinaria calidad. La adaptación del clásico de Victor Hugo comienza desde el magnífico telón y vuelve a conquistar al público con una puesta en escena conmovedora, llena de voces capaces de erizar la piel y una producción que demuestra por qué esta obra sigue siendo un fenómeno global. La más reciente dirección de Víctor Conde deja claro que esta versión llega dispuesta a convertirse en el gran acontecimiento teatral de la temporada madrileña. He aquí algunas de las razones para ir a disfrutarla sobre las tablas y querer seguir la revolución fuera de ellas.
Adrián Salzedo y Pitu Manubens, un acierto rotundo
La gran revelación de esta producción es, sin duda, Adrián Salzedo en el exigente papel de Jean Valjean. Encarar a uno de los personajes más complejos del teatro musical —un hombre marcado por el desamparo, la culpa, la redención y el amor— no es tarea sencilla, pero Salzedo lo hace con una madurez sorprendente. Sobre el escenario, irradia firmeza y serenidad, moviéndose con una seguridad que acompaña cada una de las transformaciones emocionales del protagonista. Su poderosa voz no solo impresiona por técnica, sino por la capacidad de transmitir la profunda compasión que define a Valjean y esa búsqueda incesante de perdón. El resultado es un trabajo noble, exquisito y cargado de emoción; una interpretación que, sin duda, marcará un antes y un después en su trayectoria y que lo consagra ya como un nombre imposible de olvidar en el panorama teatral.
Mano a mano, Pitu Manubens irrumpe como un Javert de enorme impacto, capaz de imponer autoridad desde el primer minuto, gracias a una grandiosa voz que otorga al personaje el peso dramático que la historia exige. Su interpretación invita a profundizar en las contradicciones internas del inspector, mostrando a un hombre rígido, obsesionado por la justicia y, al mismo tiempo, trágicamente vulnerable ante su propio destino. Es una sorpresa maravillosa encontrarse con un actor que comprende tan bien la encrucijada moral de Javert y la transita con tanta dignidad. Además, la química escénica con Adrián Salzedo es incuestionable: juntos construyen un duelo interpretativo que eleva el musical y confirma que esta dupla ha sido un acierto rotundo.
La actuación magnética de Xavi Melero como Thénardier
Si Los miserables necesita un respiro entre tanta tragedia, Xavi Melero lo proporciona con una brillantez fuera de lo común. Su interpretación de Thénardier es un espectáculo dentro del espectáculo: impecable, llena de matices y con ese toque ácido y pícaro que convierte cada una de sus apariciones en un soplo de aire fresco. Melero domina el humor con una precisión quirúrgica y, a la vez, ofrece un retrato tan humano como desvergonzado del amo del mesón.
Es un actor tan completo que, aun rodeado de una producción monumental, consigue atraer todas las miradas desde el primer instante y convertir a Thénardier en una pieza imprescindible del engranaje artístico del musical. Bravísimo, me faltan las palabras para expresar lo mucho que me entusiasmó su trabajo.
Un despliegue escenográfico que devuelve la magia al teatro
En esta producción de Los miserables, hay un regalo que el público llevaba tiempo esperando: una escenografía real, construida, palpable, que transforma el escenario en múltiples paisajes sin recurrir a proyecciones artificiales de IA, ni fondos digitales sin alma. Es un lujo ver cómo el trabajo conjunto de escenografía, luces y sonido alcanza una calidad tan alta, capaz de envolvernos por completo y potenciar cada momento de la historia. El diseño escénico es grandioso, lleno de detalles y soluciones creativas que dialogan con las interpretaciones para hacer que el relato respire cercanía y diálogo. Bajo la dirección de Víctor Conde, todas las piezas se coordinan en una armonía vibrante y se sitúan, sin duda, entre lo mejor que ahora mismo ofrece la cartelera madrileña, marcando un listón altísimo y, de momento, absolutamente insuperable.
Como broche final, aunque estos nombres anteriores brillen con luz propia, el resto del elenco es esencial para que este musical resulte tan disfrutable. Quique Niza, por ejemplo, ofrece un Marius distinguido, sensible y muy bien construido, aportando una versión que suma mucho al conjunto.
La única nota menos favorable recae en la dirección de los personajes femeninos, que en esta ocasión parece perder fuerza: ni Cosette ni Fantine logran destacar, algo inusual en esta obra. Sí lo hace Elsa Ruiz Monleón, que deleita con su Éponine de manera cálida y atrayente. Quizás la energía poderosa del elenco masculino termina por engullir la presencia de estos personajes, un aspecto que merecería atención y cuidado en futuras adaptaciones. Aun así, el resultado global es sobresaliente.
Un musical que no deja de sorprender durante sus casi 3 horas, emocionante y absolutamente recomendable.
Los Miserables sigue la historia de Jean Valjean, un exconvicto que busca redimirse tras salir de prisión. Perseguido incansablemente por el inspector Javert, Valjean reconstruye su vida mientras cuida a Cosette, la hija de Fantine, una mujer explotada por la pobreza. En el contexto de la Francia postrevolucionaria, los destinos de Valjean, Cosette y otros personajes se entrelazan con el levantamiento de jóvenes idealistas en las barricadas. La obra aborda temas como la justicia, el sacrificio y la esperanza, con partitura de Boublil y Schönberg, que incluye canciones como Soñé una vida, Solo para mí, Sálvalo, La canción del pueblo, Sale el sol y muchas más.
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