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VETUSTA ES NOMBRE DE MUJER

En el Teatro Quique San Francisco, hasta el 21 de este mes, la novela se ha hecho drama para crear Vetusta es nombre de mujer (la Regenta). Obra escrita y dirigida por Jesús Torres, trae a escena parte de los personajes femeninos que habitan el texto de Clarín con un mensaje claro: la represión que ha sufrido el género femenino a lo largo de la historia, solo por ser mujeres, y que la igualdad todavía no está presente en nuestra sociedad actual.

De esta manera, la compañía El Aedo Teatro nos presenta a Camila, Paula Raíces o Visitación, entre otras, para hacer un repaso a una de las mejores novelas españolas del siglo XIX en la que se deja claro que la que se salga de los cánones establecidos recibirá un severo castigo, incluso desde su más tierna infancia. Así, durante 75 minutos, nos asomamos a la vida de estas mujeres (elegidas de entre más de 100 personajes que aparecen en la narración original) con el único escenario de una cocina tradicional. Todo ello envuelto en el ambiente de la propia Vetusta, que también aparece representada como un personaje femenino más. En definitiva, una revisión de la famosa obra siendo muy novedosa y poniendo el foco en lo que sentían las mujeres que la forman y no en la infidelidad de Ana Ozores, más conocida como La Regenta. Y sobre todo, queriendo dejar claro que todas ellas viven encerradas en jaulas de distintos tipos, según la clase social, pero encerradas al fin y al cabo.

Abordar una pieza de tales dimensiones que muestra la vida de tantos habitantes en un periodo de tres años no es nada fácil. Gracias al saber hacer de Torres y especialmente al de la única actriz que lleva a cabo la obra, Eva Rodríguez Cruz, se hace el milagro y se puede asistir a una creación llena de lucha y belleza, en la que, además, se reflejan testimonios de épocas más actuales. Y es que es y ha sido muy difícil enfrentarse a situaciones y afirmaciones como las que hace Leopoldo Alas. Para ejemplo, las siguientes frases extraídas de la novela: “aquello era una cosa hombruna, un vicio de hombre vulgares, plebeyos” o “no he conocido ninguna literata que fuese mujer de bien”.

El trabajo de Eva Rodríguez es sobresaliente. Ella encarna a todas las mujeres y en varios registros, con lo que a su actuación no se le puede poner ni una pequeña pega. Tiene la habilidad de envolver al público en la historia que cuenta y sabe dar el punto exacto a todo lo que da vida siguiendo las indicaciones de la novela. Una muestra clara es la labor que lleva a cabo con el personaje de Visitación, “la del banco”, en la que el rol tradicional se cambia y que Alas presenta como una señora que no se preocupa de su casa, ni de atender a su familia y que, para colmo, es una ladrona. Todo un reflejo del demonio frente al ángel del hogar que tanto se recomendaba ser en esos momentos.

En cuanto a las cuestiones técnicas, mención especial tienen los trabajos en escenografía y vestuario. El primero de ellos nos presenta una galería de cuadros antiguos y fieles a la estética del texto. Estos son los espejos en los que la sociedad de Vetusta se ve y sirven al espectador para localizar a los personajes en todo momento y para poder ver los testimonios de mujeres actuales sobre la historia de las mismas. Un acierto en toda regla. Como también lo es la cocina que sirve como escena y como metáfora del lugar donde, supuestamente, las mujeres tendrían que estar siempre siguiendo ese maldito dicho de “en casa y con la papa quebrada”. Es la misma idea que aportan las jaulas como recuerdo de todos los personajes que van apareciendo sobre las tablas.

En relación al vestuario es fiel reflejo de la época y sirve de retrato social de cada una de las mujeres que aparecen. De corte cuidado, es una labor más del gran trabajo que se puede ver en esta obra. Lo mismo se puede comentar de la iluminación y el sonido. Destaca esa nana que sirve de comienzo, de nudo y de final de la obra.

Sin duda una creación imprescindible dentro de esta temporada y a la que auguro mucho éxito.

Ana Ozores es una mujer que hace cosas de hombres: escribe, sale de casa y tiene amantes. Por eso, Ana Ozores es un gran peligro para las mujeres y una gran provocación para los hombres. Ana Ozores representa todo lo que una mujer no debe ser. Después de muchos años de opresión y rectitud, su entorno ha logrado una gran victoria: ya nadie tendrá que prohibirle nada más. A partir de ahora, la propia Ana se autocensurará: ya no leerá, no saldrá de casa, no bailará y no sonreirá nunca más. Ana Ozores vive encerrada. Ana Ozores vive encerrada en sí misma.

Sonia López

Teatro Quique San Francisco

Jesús Torres

El Aedo

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