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LA PASIÓN DE YERMA, shoop, shoop, shoop

En este mes de diciembre, Yerma ha vuelto a la vida para explicarnos, una vez más, su historia y la de muchas mujeres, de antes y de ahora (¿acaso no seguimos siendo ellas?). Desde una perspectiva diferente y con el poso que generan los años cual fruto esperando a la recolecta, Lola Blasco ha creado esta versión libre del clásico de Lorca con el nombre de una pasión que se pudo disfrutar los pasados 18 y 19 de diciembre en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares.

Bajo la dirección de Pepa Gamboa, La pasión de Yerma cuenta la historia de unas mujeres que viven en este momento pero que siguen siendo arrastradas por ideas arcaicas derivadas de un pasado patriarcal y, a veces del presente, que las oprimen y las coartan. Así, su protagonista comienza un camino desde su nacimiento que no es otro que el de ser madre, eso sí, con la honra muy limpia. Esto le creará más de un problema y le llevará a una espiral de odio y tragedia que terminará por engullir su entorno y a ella misma. Historia bien conocida que en este montaje se trae a la actualidad dejando claro que aún hoy en día siguen existiendo estas cuestiones en la vida de todas nosotras, por las que seguimos siendo interrogadas, fustigadas y constantemente vigiladas.

Una apuesta valientemente contemporánea y con el corazón puesto en la mirada de género que, siendo fiel al texto y al lenguaje lorquiano original, presenta nuevas cuestiones sobre la mesa. Como es el hecho de que Juan, el marido de la protagonista, muestre un deseo distinto al que se creía. Un hombre encerrado como aquel que protagonizara el famoso poema de Cernuda, Remordimiento en traje de noche.

Pero todo gira alrededor de los personajes femeninos, dándoles una mayor dimensión, puesto que el texto está escrito “pensando más en el último Lorca, el de La casa de Bernarda Alba, de ahí que se haya dotado de mayor protagonismo a ellas y a su universo privado”, explica la autora. Con el objetivo de plantear “los diferentes motivos que pueden llevar a estos personajes a desencadenar la tragedia porque, como ya demostrara en su día Federico García Lorca, ni la honra más firme es capaz de sujetar las pasiones”, Yerma está interpretada por María León. Impecable en general en el juego trágico que marca este personaje aunque en algunos momentos le falte algo de fuerza ante un papel tan enorme y conocido por el público. Le siguen Lucía Espín en el papel de María (la amiga y vecina) y Mari Paz Sayazo, dando un giro de 180 grados a la curandera que, en diversas ocasiones, no se digiere bien y hace que se desdibuje la esencia del mismo (Oh no, that’s not the way, shoop, shoop, shoop, shoop).

Los hombres están abanderados por la figura de Jorge Monje (al que poco se le disfruta en teatro y no entendemos el motivo) dando vida a Juan. Su trabajo brilla con luz propia y encarna a la perfección la psique de este marido sin sangre en las venas que se nos presenta en la obra. Al igual que Diego Garrido, que interpreta a Víctor, el pastor, de manera brillante y al que hay que seguir la pista de manera descarada en sus próximos retos teatrales. 

Respecto a las cuestiones técnicas, la escenografía está creada por Antonio Marín, quien trae a escena una casa de la actual clase media que ayuda mucho al viaje hacia el presente que hace la obra. Mientras que el vestuario de Lupe Valero es algo más sencillo, también aporta el mismo mensaje y lo hace con tanta elegancia en el caso de León que hace que todo encaje de manera especial en la función. Todos ellos hacen una gran labor junto a Joaquín Navamuel, creador de la iluminación, Aida Argüelles, en imagen, y Paco Pena como ayudante de dirección. La producción, bajo el sello de SEDA, cuenta con la colaboración del Centro Federico García Lorca, La Fundación Federico García Lorca y CaixaBank.

Sin duda, una obra para ver y reflexionar a la vez que el público disfruta. Y es que ya lo dijo el maestro: “el teatro es la poesía que se levanta del libro y al hacerse, habla, grita, llora y se desespera”.

En La pasión de Yerma volvemos a profundizar en los conflictos que ya apuntara Federico García Lorca. Nos adentramos en la tensión entre deseo y moralidad, maternidad y muerte, género y poder, pero lo hacemos desde la libertad que nos ofrece una visión contemporánea. Del mismo modo que la maternidad no puede hoy entenderse como en el siglo pasado, en esta nueva versión del clásico nos planteamos los diferentes motivos que pueden llevar a estos personajes a desencadenar la tragedia porque, como ya demostrara en su día Federico García Lorca, en esta tragedia escrita en 1934, simbólica desde su título, ni la honra más firme es capaz de sujetar las pasiones.

Sonia López y Amanda H C

Lola Blasco

Jorge Monje

Corral de Comedias

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