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LOS DÍAS FELICES, días divinos en el Teatro Valle-Inclán

Cuando conocí a Pablo Messiez, en un taller en el que el acto de decir también era ocupación del cuerpo y no solo de la voz, se tocaba los codos (o los pies si estaba sentado) cada vez que hablaba de Samuel Beckett y contaba en lo que estaba sumergido. Lo hacía con la misma electricidad con la que ahora Winnie levanta los brazos y la mirada, en la obraLos días felices’, cada vez que alude al estilo antiguo en forma de metáfora cotidiana.

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Enterrada hasta más arriba de la cintura, aparece Winnie (Fernanda Orazi), en el mismo centro del montículo. Todas las lecturas y los arrebatos posibles comienzan cuando este personaje arranca a hablar y a esperar otro día feliz desde lo alto del montículo de inmutabilidad que la traga. “¡Oh, este es un día feliz, este habrá sido otro día feliz! (Pausa.) Después de todo. (Pausa.) Hasta ahora”. Su optimismo parece liberarla y salvarla de cualquier tiempo pasado, presente y futuro, en un ejercicio nada furtivo por acompasar el silencio como parte del sentido. En paralelo, otro extraño personaje, Willie (Francesco Carril) asciende de su agujero y nos hace contener el aliento. El paisaje amanece desalentador; el montaje, prometedor. Y así nace el día. Y la generosidad del teatro como extraordinaria experiencia se extiende hasta la última fila de butacas.

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Antes de la tierra y de los escombros y del lienzo potente en colores y cambios que descarga fuerzas en la escena, los ensayos deLos días felicesfueron “como ensayar un libro de instrucciones” para Messiez, orquestador de esta versión y dirección que aparecen detrás del telón y quien recuerda haberle comentado a su amiga Fernanda hacer esta obra “cuando seamos mayores”. El tiempo se desdibuja en esta creación con una conclusión que su director quiere extraer a través de las espectadoras y los espectadores; “Quiero enterarme de la obra por lo que dice el público”.

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El día ha avanzado y el Apocalipsis de Winnie llega a la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán confrontando tiempos, palabras y estados emocionales. Pero puede volver a empezar. Porque esta protagonista y su bolso se pueden volver a adaptar al terreno. Como cualquier día aunque no como cualquier obra pues esta, precisamente plasmada de anhelos y miedos sin etiquetas certeras, atrapa para arrastrarnos a un escenario dadivoso como forma de subsistencia y de contagio y encuentro con la palabra.

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‘Los días felices’ es una coproducción entre el Centro Dramático Nacional y Buxman Producciones y también cuenta con un increíble trabajo de Javier L. Patiño como ayudante de dirección, Elisa Sanz (AAPEE) en escenografía y vestuario junto a la ayudantía de Paula Castellano, Carlos Marquerie en iluminación y vídeo con la ayudantía de David Benito, Óscar Villegas en espacio sonoro, Amanda Solar como ayudante en prácticas (RESAD), Javier Jaén en diseño de cartel y marcosGpunto en fotografía.

Estos días felices son una traducción de Antonia Rodríguez Gago. Como apunte añadido, su edición bilingüe de la editorial Cátedra ofrece un recorrido histórico, bibliográfico y cultural sobre lo que rodeó y sigue rodeando en 2020 a esta obra y al ensayista, poeta, novelista y dramaturgo Samuel Beckett. Días divinos hasta el 5 de abril.

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Volver a Beckett es recordar que el teatro puede ser otra cosa. Es desintoxicar la mirada de desvíos varios que usurpan las salas cuando estarían tanto mejor en la tele, en el cine, en una columna de opinión de suplemento dominical, o en un libro.
Los días felices sólo puede suceder en la escena. Leerla es incluso bastante engorroso. Pero montarla es encontrarse con un mundo que no se parece a nada y que sin embargo nos interpela directamente.
Las grandes obras, como la música, se inventan un tiempo. Un tiempo que se actualiza en la encarnación en un ahora-siempre. Golpean el centro del corazón de lo humano. Y nos dejan temblando. Intentando entender.
Es un privilegio poder trabajar este material con este equipo y poder contar con Fernanda Orazi y Francesco Carril para volver cuerpo las palabras. Ambos también creadores de tiempos propios y singulares, como todo actor/actriz poeta.
Pablo Messiez

 

Amanda H C

 

Teatro Valle-Inclán

Pablo Messiez

Francesco Carril

Centro Dramático Nacional

Más teatro

 

 

 

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